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sábado, 30 de mayo de 2009

Hórreo

La difusión del maíz provocó una expansión demógrafica y económica que generó a lo largo de los siglos XVII y XVIII, los elementos que hoy consideramos más característicos del paisaje asturiano.

El valor simbólico que el hórreo ha mantenido hasta el día de hoy, en que, perdura su función, sigue siendo la imagen más poderosa de la tradición asturiana. La multitud de producciones a escala que se venden como recuerdo turístico, utilizan ese valor icónico, en representación del auténtico hórreo que custodiaba la cosecha, objetivo final de toda una forma de vida.

Bajo el hórreo aparece una área cubierta que asumía funciones similares a los de los portalones como espacio protegido para trabajar o para guardar la leña, el carro u otros aperos.

La importancia del pan, nombre con el que también se denominaba al cereal con que se elaboraba, en la subsistencia de la familia certificaba justificaba la construcción de un granero para su conservación tras la cosecha. Se hacia necesario un contenedor cubierto, seco y fresco, para lo que conviene separarlo del suelo, asegurado la aireacción de todas sus caras a la vez que se dificulta el acceso a roedores.